Inception

Otra vez Christopher Nolan. Bueno, a ver, no es mi culpa que sus películas sean tan geniales.

De Inception (o El Origen, en Hispanoamérica) hay muchísimo material para analizar, pero como lo que más me perturba de la película (incluso después de verla más de catorce veces) es el tótem, entonces hablaré… Sí, adivinaron: del tótem.

¿Por qué me perturba? Porque no sé lo que pasa al final. Simple. Pero mediante este análisis trataré de entender algunas cosas, como por ejemplo, ¿por qué a esa figurita se le llamaba tótem, en cualquier caso?

El tótem (en el mundo real) es entendido en muchas culturas como un emblema protector. Dependiendo de estas, el tótem puede tener diferentes deidades, animales, símbolos, etc., que representen protección según el individuo.

En la cabeza de Nolan y su mundo onírico, es decir, en Inception, el tótem de todos los personajes (porque todos necesitan tener uno) actúa de la misma manera que en el mundo real. Cada figura es personalizada, emblemática, y simboliza una especie de protección. ¿Por qué? Pues porque les permite diferenciar los sueños de la realidad, incluso cuando ambos términos estén tan difusos en la película.

Esto me hace pensar, filosofando un poquito: ¿cuándo los sueños se convierten en la realidad del personaje, qué tipo de realidad refleja el tótem?  ¿Para qué sirve? ¿Qué es lo real, en cualquier caso? Se supone que dentro de los sueños, el tótem de los personajes no reacciona a la gravedad. Si Dom (personaje principal interpretado por Leonardo DiCaprio) hace girar su tótem -que es como una especie de trompo- dentro de un sueño, este girará permanentemente. Pero si la realidad es el sueño, entonces el tótem debería caerse al hacerlo girar, ¿verdad? Bastante postestructuralista, pero no demasiado para mi gusto, porque el postestructuralismo es genial.

Supongo que por eso la última toma de la película (sin ánimos de spoilear) es el tótem girando y a punto de caerse, sin más. No se sabe qué es la realidad, si Dom está dentro de un mundo que existe fuera de su cabeza o solo dentro de ella. Si nuestro verdadero protector fuese un tótem, como es de suponerse en la película, ni él podría escapar a nuestras proyecciones mentales. De hecho, ni siquiera nosotros podemos.

Una película brutal, sin lugar a dudas, que pone en cuerda floja nuestra percepción de la realidad.

 

 

Memento

Es obvio que hablaré de la narrativa de esta película, como quizás todo el que la ha analizado. ¿Y por qué no hacerlo, si es lo más genial de todo? Más que la historia, los personajes, los planos, o lo que sea, el hilo narrativo es un verdadero tema si hablamos de Memento.

En algún sitio que no recuerdo, leí que el análisis fílmico no se trata de descubrir algo dentro de la película, sino de entender lo obvio. O, mejor dicho, entender por qué lo obvio es, precisamente, obvio. Y la forma de contar historias es lo que más resalta en cualquier película, sobre todo en esta. Sí, es obvio que está narrada en retrospectiva y, además, con una subtrama en blanco y negro, contada de manera cronológica, que ayuda al espectador a ubicarse en el contexto del protagonista. Una genialidad, ¿no?

Escoger cómo contar cualquier historia es un tema sobre el cual podemos extendernos horas y horas. ¿Por qué decidimos contar algo? ¿Por qué lo queremos contar de esta forma y no de otra? En el caso de Memento, nos estamos desconectando constantemente de una escena para entrar en otra que no conocemos, no sabemos por qué Christopher Nolan se antojó de ponernos justo en ese momento, nos hallamos totalmente fuera de contexto cada diez minutos. La sensación que genera esto en el espectador (o por lo menos en mí) es como “estar despertando” a cada rato, cosa que también siente Leonard, el protagonista, quien sufre de falta de memoria de… algún plazo.

Escoger esta forma de hilo narrativo para simular la condición del personaje principal es un recurso que me parece super creativo, complicado de llevar a cabo (por lo menos para mí, que cada vez que intento ubicar escenas de esa manera en un guion termino con algo que no tiene pies ni cabeza) pero, definitivamente, acertado.

Como una entusiasta (SUPER entusiasta) de guiones cinematográficos y construcción de personajes/historias, el guion de esta película siempre será una de mis grandes fuentes de inspiración. Creo que es bastante complicado lograr que el espectador tenga las mismas sensaciones que el protagonista de la película. Y es aún más difícil cuando ese protagonista no puede recordar esas sensaciones, ¿verdad?

El Artista

El silencio en el cine está subestimado, en mi opinión. Más todavía en una época como la nuestra, en la que la comunicación necesita de nuevos recursos constantemente, ya que los que conocemos parecen quedarse cortos ante nuestras necesidades sociales. Recuerdo la primera vez que vi una película muda (que fue hace pocos años). El choque fue brutal. Me costó demasiado adaptarme.  Sabiendo esto, cuando vi por primera vez The Artist, me sorprendió muchísimo lo arriesgado del asunto. ¿Una película muda en pleno siglo XXI? “Bastante hipster”, pensé. Pero al terminar de verla, lo único que pude hacer fue quitarme el sombrero (y mi escepticismo) ante Michel Hazanavicius, director de la película.

Fue toda una experiencia ver plasmado en pantalla una representación de la decadencia del cine mudo en la década de los ’20, para ser suplantado por el cine sonoro hollywoodense, todo esto protagonizado por el silencio.

Más que la música, es la ausencia de diálogos audibles lo fundamental en la película.  Tanto es así, que el protagonista tiene solo una línea al final del filme: “Con mucho gusto”. Asumo que es en ese momento particular cuando el artista acepta el ascenso de una nueva tendencia cinematográfica, que anteriormente parecía llevarlo al fin de su carrera.

Es el silencio, acompañado de la música que ambienta la película, el personaje principal que nos pasea por todo un evento histórico, una tendencia obsoleta y poco parecida a sus espectadores (a ver, que los personajes hablen en pantalla es más parecido a nosotros ¿no?), el nacimiento de la era dorada de Hollywood, y también el difícil proceso de adaptación del ser humano; la resistencia a cambios, el miedo a que se desvirtúe lo que conocemos, a que nuestra forma de expresión ya no sea suficiente para quienes son nuestro público.

Pero si bien fue el silencio quien me hizo llegar a tal punto filosófico de la esencia humana, ¿no es él, entonces, un medio de expresión tan efectivo como el sonido? Mi respuesta es sí, definitivamente. Y quizás lo es aún más.

 

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